ILUSTRACION HECHA CON LA IA DE CHATGPT.
Sucedió hace un año en un teatro, durante la presentación de un grupo de danza.
La mayoría del público eran maestros.
Al empezar la función se encontraba vacía la tercera butaca de la novela fila.
Yo ocupaba el cuarto lugar de la fila diez, de modo que la butaca vacía de enfrente me permitía ver mejor el escenario.
Durante el intermedio salí para comprar algunas golosinas y al regresar ya habían apagado las luces y estaba dando inicio la segunda parte de la función.
El asiento antes vacío, el tres de la fila nueve, ahora lo ocupaba una niña de blusa blanca y con un cabello largo y suelto. Era menuda y delgada y en el volumen de su negro pelo se reflejaban algunas luces del interior del teatro.
Tendría unos trece años y permanecía inmóvil y atenta al escenario. Del lado derecho, un poco inclinada hacia ella, una maestra parecía sostener una comunicación con la niña, supuse que era su mamá. A su lado izquierdo estaban dos maestros conocidos.
Ver a la niña y a quien supuse que era su mamá, me generó un sentimiento tierno y agradable.
Reflexioné en la importancia de la familia y en la sana convivencia como un motivo de felicidad.
Suspiré con satisfacción y luego puse todo mi interés en el escenario, olvidándome por completo de la niña.
Al terminar la presentación se encendieron todas las luces del teatro y de pronto me acordé de la niña, pero su lugar ahora permanecía vacío.
Me desconcerté mucho. Esa ausencia era inexplicable. ¿En qué momento se levantó? ¿Por qué si estaba casi enfrente de mí, no la vi salir? ¿En dónde estaba ahora? ¿Por qué su lugar estaba vacío y la maestra de al lado parecía muy tranquila? (Más adelante me diría la maestra, a quien supuse mamá de la niña, que no tiene hijos.)
La incertidumbre me agobió, de modo que pregunté por la niña a las personas que estaban sentadas al lado de esa butaca. Todos me respondieron que ese lugar siempre estuvo vacío. Ante mi insistencia me miraron como un bicho raro.
Pregunté a los de mi fila y me dijeron que no vieron a ninguna persona en ese lugar.
Inspeccioné la salida con la esperanza de verla con sus familiares y precisar que no fue un acto de mi imaginación. Pero nunca la volví a ver.
En el recibidor se me acercó una maestra de danza, que se había sentado a dos butacas de distancia del asiento en donde vi a la niña, y me comentó que ella sí me creía. Dijo que entre la gente del espectáculo hay una leyenda de una niña fantasma que se aparece en los teatros.
Cuando escucharon eso los que se encontraban cerca, se alejaron rápidamente de mí. Pude oler el miedo en el ambiente. Pero yo nunca tuve temor, solo el malestar de no ser capaz de explicarme esta situación.
En la ilustración hecha con IA que acompaña este texto omití a algunas personas para destacar a la figura de la niña. Es lo más parecido al momento que aquí narro.
Tengo fotos del lugar -no de la niña- y hay varios testigos de esta situación, pero a la fecha sigo creyendo que pudo tratarse más bien de una mala jugada de mi imaginación.
O eso pretendo creer.
***




































