miércoles, 19 de agosto de 2026

LOS OTROS MILAGROS DEL TEPEYAC

Son milagros reales.

La figura central del Tepeyac es la Virgen de Guadalupe, de suma relevancia en el culto católico mexicano.

A Juan Diego, la controversial persona indígena a la que se apareció la Guadalupana en 1531, también se le atribuyen milagros, que lo convirtieron en santo en el año 2002.

Tratándose de asuntos de fe, no hay límites para lo impensable. 

En décadas recientes, el cerro del Tepeyac fue escenario de dos figuras prodigiosas, además de la Virgen de Guadalupe y de la de San Juan Diego. 

Se trata de la Virgen de Lourdes y de la Madre Cholita, que, desde el interior del panteón del Tepeyac,  atraían a cientos de personas debido a los milagros que concedían y que provocaba un masivo culto paralelo a las figuras centrales de este santuario.

El primer caso es un nicho de la Virgen de Lourdes que se ubica en la esquina de uno de los pasillos del cementerio y que fue construido como una pequeña cueva de rocas, en cuyo interior está la escultura de la virgen de un metro de altura. 

Se conserva muy bien. Se ve recién pintado e incluso me pareció ver algunas veladoras encendidas y algunos ramos de flores frescas. Este espacio es cálido y esperanzador. Hay una energía intensa de vida y esperanza, Es una sensación de tranquilidad espiritual que hasta te hace soltar un suspiro de manera natural.

Cuentan los trabajadores del lugar que cuando todavía se podía ingresar de manera libre a este panteón, había personas que le pedían a esta imagen el milagro del matrimonio y que si era para bien, la Virgen se los concedía.

Incluso, el hijo de un trabajador del propio panteón fue agraciado con su solicitud y de esto da fe su propio padre que señala que nunca creyó que su hijo se fuera a casar porque "la edad ya se le estaba yendo", pero que su hijo pidió el milagro a la Virgen de Lourdes y ella se lo concedió.

Dicen que eran tantos los visitantes, hombres y mujeres de todas las edades y de todas partes de México y de distintos países, que tenían que regular el acceso para permitir que todos pudieran dejar sus peticiones a través de cartas, fotografías del ser deseado, veladoras, flores y también pequeños ex votos (pinturas que confirman el favor recibido).

Hoy ese nicho de la Virgen de Lourdes, ya no contiene ninguna evidencia de los milagros que concedió, aunque se comenta que era extraordinaria la cantidad de flores, veladoras, exvotos, pulseras y monedas que se amontonan en el lugar.

A pesar de la soledad del panteón, este espacio específicamente está lleno de vida, como un milagro latente.

El otro caso corresponde a la Madre Cholita (hipocorístico de Soledad), que fue una monja de la orden de las Clarisas Capuchinas --que tienen su convento cerca del Tepeyac-- y que al morir fue enterrada en el panteón del Tepeyac.

Se desconoce cómo empezó a obrar milagros, pero los trabajadores del lugar dicen que posiblemente se debe a que la Madre Cholita fue una maestra muy generosa, amable y comprensiva con sus estudiantes, estimulándolos a alcanzar el éxito, por muy difícil que fuese la tarea. Y que ese recuerdo se fomentó entre las monjas y posiblemente de ahí salió a la vida civil, debido a que, igualmente, cientos de estudiantes de todas partes acudían a pedirle el milagro para pasar exámenes difíciles, tanto para la escuela como para entrar a trabajar.

Las peticiones se hacían mediante solicitudes por escrito en pedazos de papel o, curiosamente, mediante un escrito directamente sobre las paredes de cemento de su tumba, que es una pequeña capillita con puerta de metal y cristales a través de la cual se pueden apreciar un pequeño altar con retratos de algunas monjas enterradas en este lugar. 

Llama la atención el ver todavía en las paredes de esta capilla pequeños escritos a lápiz o a tinta, con solicitudes de personas que le piden que les conceda el milagro de acreditar un examen profesional o un examen de ingreso a una carrera específica. Incluso, todavía hay algún par de papeles tirados en el interior de la capillita, que posiblemente son solicitudes de milagros en ese sentido.

Dicen que muchos estudiantes o profesionistas regresaban posteriormente con flores y veladoras para agradecer por el milagro recibido.

La continua y creciente demanda de matrimonios, ante la capillita de la Virgen de Lourdes, y de las solicitudes de milagros para pasar exámenes ante la Madre Cholita llamaron la atención de los jerarcas de la principal iglesia de América Latina, la Villita, de modo que, al parecer, en una reunión de muy alto nivel, decidieron intervenir para preservar el celo al culto mayor de la Guadalupana.

En primer lugar, cambiaron de tumba a la Madre Cholita, cuyos restos ahora reposan en el interior de la Basílica de Guadalupe--todavía no la encuentro-- y por otro lado, como es sabido, ya no se puede ingresar de manera libre al panteón del Tepeyac, por lo que la Virgen de Lourdes ya no tiene visitas, ni peticiones de matrimonio.

Con el paso del tiempo se frenaron los milagros y ahora solo queda el recuerdo, como una leyenda viva de un lugar donde pervive el misterio de la fe y que contribuyó a la felicidad de cientos de personas que tal vez vivan agradecidas por haber acreditado un examen difícil o por haber conseguido el matrimonio, gracias a los otros milagros del Tepeyac.

Me pregunto que si, por cualesquier motivo, regresara a visitar al panteón del Tepeyac, me atrevería a solicitarle algo la Virgen de Lourdes, o a la capilla de las madres Clarisas, donde estuvo la madre Cholita. ¡Qué emocionante!

(No subo fotos porque está prohibido tomar fotografías en ese lugar. Pero con la ayuda de la IA de Grok de X, creamos una representación de la imagen religiosa.)







miércoles, 5 de agosto de 2026

CUMPLE 15 AÑOS MI OVNI FAVORITO

Pocas veces en la vida podemos celebrar un aniversario extraordinario.

En este año, 2026, yo festejo los 15 años de mi ovni favorito.

Todo comenzó en el 2011, cuando un amigo me compartió por correo electrónico unas fotografías de un ovni que se acercó a una plataforma petrolera en Campeche y que fue fotografiado hasta las muelas por un obrero de esa compañía.

Si yo fuera parte de la tripulación de esa nave de extraña procedencia, me moriría de vergüenza por la obscena mirada del obrero, que no dejó nada a la imaginación con sus atrevidas y meticulosas fotografías.

El avistamiento ocurrió en mayo del 2010 y cuando yo recibí las fotos, ya eran del dominio público y circulaban a través de correos electrónicos a la manera de los chismes de moda en las redes sociales de ahora, trending tópic le llaman.

Nunca había sentido tanta pena y solidaridad por un ovni que fuera literalmente vejado por la mirada escrutadora de alguien que descubre su talento de fotógrafo de revista para caballeros.

En sus dimensiones, aquel objeto volador no identificado era enorme en relación con un barco que se acercaba a la plataforma. Era lo más parecido a un crucero de gran lujo frente a una lancha de pescadores.

Causa asombro el contemplar a una enorme masa metálica de color cobrizo flotando en el cielo del medio día y moviéndose con una  agilidad de colibrí hambriento. 

Para darte una idea de su forma, imagínate unos trastes de barro rojo: un tazón boca arriba que tiene encima un plato liso boca abajo y encima del plato una taza sin asa boca abajo, como la cabeza de un tanque de gas. 

Arriba tiene enormes ventanas y en la parte inferior un tubo como la boca de una aspiradora, ampliamente iluminado, por donde se le ven hasta las costillas.

En las ocho fotografías se aprecia el coqueto comportamiento de mi ovni favorito: de perfil, de abajo para arriba; muy cerca, muy lejos, un primer plano con sus ocho luces simétricamente ubicadas en las orillas y más acercamientos detallados, que desde mi desbordante imaginación, me parece ver que se asoma discretamente de la cintura para arriba un delgado miembro de la tripulación, con figura humanoide.

Debo reconocer que este ovni es un modelo antiguo, como un viejo traste de la cocina de la abuela. No se parece en nada a otros ovnis modernos de diseños aerodinámicos de ciencia ficción, que han sido documentados en diversas partes del mundo. 

Me atrevo a catalogarlo como un modelo de los años 60, como un desvencijado autobús  de tercera categoría.

Pertenece a esas imágenes de las películas en blanco y negro del Santo, el enmascarado de plata, cuando está en su laboratorio rodeado de mesas con cajas de cartón forradas de tapaderas de envases que simulan delicados botones de alta tecnología y con focos que emiten luces parpadeantes acompañadas de extraños chillidos como las series de luces navideñas chinas.

El ovni se acercó a la plataforma petrolera como un perro que huele un árbol para estimular sus esfínteres. He leído que a los ovnis les atraen las zonas petroleras, ahí se registran los mayores avistamientos.

Después de que satisfizo su curiosidad, exponiendo sus partes más íntimas ante la cámara del obrero voyerista, el ovni se retiró como llegó, sin mayores explicaciones ni despedida, a la manera de esos perros callejeros a los que les importa un comino la sociedad y que hacen  sus necesidades en cualquier lugar, incluyendo el sexo en la vía pública o dormitar de panza a la mitad de la calle.

Esa actitud del ovni fue la que me hechizó: su comportamiento de mascota callejera, ubicua, libre y sin prejuicios. Por eso lo adopté y cada año lo celebro mirando sus fotos como si fuera mío. 

Si sigue volando al día de hoy, podría ser ya una carcacha que hecha humo, de movimientos lentos y torpes, turulato, con focos fundidos, despostillado y con abolladuras como coche de aprendiz de conductor. Pero no me importa, lo estimo y me siento orgulloso de él, incluso si llegara a conocer otros modelos de ovnis más modernos.

Este ovni llegó a mi vida cuando yo dejé de creer en los ovnis y me convenció y me gustó y ahora que cumple sus 15 años lo celebro y lo reitero como mi ovni favorito.

Acá, una pequeña muestra. (Les recuerdo que en el 2010 todavía no existía la IA).