domingo, 13 de septiembre de 2026

YO VI A LA NIÑA FANTASMA DEL TEATRO

Sucedió hace un año en un teatro, durante la presentación de un grupo de danza.

La mayoría del público eran maestros.

Al empezar la función se encontraba vacía la tercera butaca de la novela fila. 

Yo ocupaba el cuarto lugar de la fila diez, de modo que la butaca vacía de enfrente me permitía ver mejor el escenario.

Durante el intermedio salí para comprar algunas golosinas y al regresar ya habían apagado las luces y estaba dando inicio la segunda parte de la función.

El asiento antes vacío, el tres de la fila nueve, ahora lo ocupaba una niña de blusa blanca y con un cabello largo y suelto. Era menuda y delgada y en el volumen de su negro pelo se reflejaban algunas luces del interior del teatro.

Tendría unos trece años y permanecía inmóvil y atenta al escenario. Del lado derecho, un poco inclinada hacia ella, una maestra parecía sostener una comunicación con la niña, supuse que era su mamá. A su lado izquierdo estaban dos maestros conocidos.

Ver a la niña y a quien supuse que era su mamá, me generó un sentimiento tierno y agradable.

Reflexioné en la importancia de la familia y en la sana convivencia como un motivo de felicidad.

Suspiré con satisfacción y luego puse todo mi interés en el escenario, olvidándome por completo de la niña. 

Al terminar la presentación se encendieron todas las luces del teatro y de pronto me acordé de la niña, pero su lugar ahora estaba vacío.

Me desconcerté mucho. Esa ausencia era inexplicable. ¿En qué momento se levantó? ¿Por qué si estaba casi enfrente de mí, no la vi salir? ¿En dónde estaba ahora? ¿Por qué su lugar estaba vacío y la maestra de al lado parecía muy tranquila? (Más adelante me diría la maestra, a quien supuse mamá de la niña, que no tiene hijos.)

La incertidumbre me agobió, de modo que pregunté por la niña a las personas que estaban sentadas al lado de esa butaca. Todos me respondieron que ese lugar siempre estuvo vacío. Ante mi insistencia me miraron como un bicho raro.

Pregunté a los de mi fila y me dijeron que no vieron a ninguna persona en ese lugar. 

Inspeccioné la salida con la esperanza de verla con sus familiares y precisar que no fue un acto de mi imaginación. Pero nunca la volví a ver.

En el recibidor se me acercó una maestra de danza, que se había sentado a dos butacas de distancia del asiento en donde vi a la niña, y me comentó que ella sí me creía. Dijo que entre la gente del espectáculo hay una leyenda de una niña fantasma que se aparece en los teatros.

Cuando escucharon eso los que se encontraban cerca, se alejaron rápidamente de mí. Pude oler el miedo en el ambiente. Pero yo nunca tuve temor, solo el malestar de no ser capaz de explicarme esta situación.

En la ilustración hecha con IA que acompaña este texto omití a algunas personas para destacar a la figura de la niña. Es lo más parecido al momento que aquí narro.

Tengo fotos del lugar -no de la niña- y hay varios testigos de esta situación, pero a la fecha sigo creyendo que pudo tratarse más bien de una mala jugada de mi imaginación. 

O eso quiero creer. 

ILUSTRACION HECHA CON LA IA DE CHATGPT.

martes, 1 de septiembre de 2026

CUANDO HUÍ DE LA SANTA MUERTE









Imagen ilustrativa generada por IA.

En primer lugar respeto la libertad de credos.

Con anterioridad no había sido tan consciente del culto a la Santa Muerte, sino después de la presente experiencia.

Esta anécdota ocurrió hace unos años durante una visita de trabajo a la Ciudad de México.

Como resolví en poco tiempo el asunto que me ocupaba, ese jueves por la mañana dispuse de tiempo libre para almorzar en un restaurante de una conocida franquicia sobre Insurgentes centro, en cuya esquina hay un puesto de revistas y periódicos.

Antes de ingresar al restaurante compré un par de periódicos y una revista que me llamó la atención, un número especial titulado "Todo sobre la Santa Muerte". La adquirí por curiosidad y con el  propósito de enriquecer mi cultura general. No tenía antecedentes, conocimientos ni ningún otro motivo o expectativa sobre la materia.

En el restaurante revisé de manera general esa publicación, salté las hojas con rapidez, no me detuve en ningún artículo y me prometí que regresando a Oaxaca le dedicaría un tiempo para leerla.

La revista estaba impresa con una buena calidad de papel y con muchas fotografías a color. Recuerdo que la disposición de los materiales seguía un orden lógico, razonado y muy completo. Estaba elaborada con profesionalismo y me sentí satisfecho con dicha adquisición, pero me concentré en la lectura de los periódicos.

Hasta ahí fue toda mi relación con la revista. La cargaba en un portafolios junto a diversos documentos y como regresaría a Oaxaca hasta el domingo, hice planes para quedarme el fin de semana en la ciudad.

Esa noche de jueves para amanecer al viernes me dieron pesadillas. 

Soñaba que estaba frente al puesto de periódicos que había visitado esa mañana y que escuchaba con mucha precisión e incomodidad el ruido de los autos, las motos y los peatones. Al mismo tiempo intentaba leer los titulares de las publicaciones impresas que había en ese puesto, pero no podía precisar ninguna lógica en los textos, que parecían derretirse y desaparecer. Era caótico e inestable y mi vista terminaba casi siempre en el centro, donde estaba la revista de la Santa Muerte que había comprado, pero sin letras, sólo la figura de la muerte.

Luego, que cuando entraba al restaurante, en vez de mesas veía un lugar muy oscuro, como un pasadizo que tenía una luz roja al fondo. No me causaba temor, sino curiosidad. Caminé en esa dirección y al llegar al final había una habitación en penumbras con un techo muy elevado.

Una tenue luz anaranjada iluminaba el centro del lugar en donde había un sitial de madera ocupado por un esqueleto humano cubierto con un manto y una túnica negras. Me dio la impresión de que esa figura, aun sentada, medía unos dos metros de altura y pese a tener un cuerpo descarnado, el manto aterciopelado mostraba un buen volumen del cuerpo.

Y lo que yo consideré al principio como una escultura inmóvil, de pronto levantó su mano derecha del apoyabrazos de la silla, me señaló directamente y luego volteó la palma de su mano cerrando el puño y levantando su huesudo dedo índice que movía hacia ella y con una voz cavernosa, que yo no pude identificar si era de hombre o de mujer, pero se trataba de una voz de una persona adulta muy clara y determinante me dijo despacio pero firme: "¡Ven, ven, ven!", mientras movía elásticamente sus maxilares con dientes completos y delineados como si fueran de piel blanquísima.

A pesar de tener las cuencas de los ojos vacíos, en su fondo parecía verse el reflejo del brillo del entorno, proyectando una imagen majestuosa de autoridad e intimidación. 

En mi pesadilla empecé a rezar oraciones que en vigilia ya ni me acordaba y a decir palabras que yo no razonaba, simplemente me salían y me dirigí hacia ella diciéndole: "No sé quién eres y no sé qué quieres. Pero yo sólo creo en Dios Todopoderoso que venció a la muerte y que está por encima de ella" y seguía rezando.

Aunque su rostro no tenía cejas, ante mi respuesta su aspecto era severo y me miraba como sorprendida y molesta.

Temiendo que me fuera a detener, quise correr, pero mis piernas no me obedecían, parecían de gelatina y temía quedarme atrapado, por lo que haciendo un esfuerzo sobrehumano salté con fuerza y en el preciso momento cuando di el salto, me desperté en medio de la oscuridad de la habitación. 

Eran las tres de la madrugada de ese día viernes y yo estaba sudando y temblando de miedo. Encendí rápidamente las luces y con la vista revisé toda la habitación. No había nada extraño. Me dirigí hacia la mesa en donde estaba mi portafolios que recuerdo haber dejado cerrado y que ahora aparecía  abierto y con la revista de la Santa Muerte a primera vista. La tomé con manos temblorosas y la rompí en tiras con fuerza al tiempo que repetía en voz alta: "Sólo creo en Dios que venció a la muerte y está por encima de ella..."

Romper la revista me dio mucha tranquilidad. Sentí como si hubiera alejado de mí una amenaza.

Pero después de esa pesadilla ya no pude volver a dormir porque al cerrar los ojos presentía que algo o alguien me miraba, mientras el ruido del tráfico de la noche -ambulancias, motos, patrullas- me generaba un malestar.

Dejé la luz encendida y cuando la luz del amanecer iluminó la ventana, yo seguía despierto. Me levanté de la cama y miré el interior del bote de la basura. Entre las tiras de papel roto y apiladas de manera vertical, asomaba la fotografía del rostro de una calavera que sonreía de manera irónica. Agité el bote de la basura hasta que se perdió esa imagen entre los papeles.

Después de esa experiencia ya no volví a tener ninguna relación con la Santa Muerte.

Con el paso del tiempo me he llegado a explicar que se trató de un fenómeno de sugestión motivado por la curiosidad sobre un tema que desconozco. Es como un broma que me jugó mi propio cerebro y que emergió a través del sueño, que tiende a crear narrativas más o menos coherentes según nuestras impresiones o preocupaciones cotidianas.

Asimismo he conocido a muchas personas que se portan de manera educada y con respeto y que usan cadenas con dijes de la figura de la Santa Muerte o que la tienen tatuada en su cuerpo como brazos y pecho y nunca me han comentado sobre su culto, por lo general son discretas. 

También me he encontrado en varias ocasiones y en múltiples lugares figuras de la Santa Muerte, como esculturas en lugares públicos o nichos junto a San Judas Tadeo y la Virgen de Guadalupe y en procesiones acompañada por una banda de música. Más recientemente me perdí en el centro de la ciudad de Puebla, precisamente en una calle atiborrada de tiendas con escaparates de altares e imágenes de la Santa Muerte, pero mi sentimiento es de sano distanciamiento.

Cuando paso cerca de ella lo hago con la convicción del respeto a la libertad de credos, no juzgo, no rechazo y me repito: "Cada quien es libre de tener sus propias creencias".

***


miércoles, 19 de agosto de 2026

LOS OTROS MILAGROS DEL TEPEYAC

Son milagros reales.

La figura central del Tepeyac es la Virgen de Guadalupe, de suma relevancia en el culto católico mexicano.

A Juan Diego, la controversial persona indígena a la que se apareció la Guadalupana en 1531, también se le atribuyen milagros, que lo convirtieron en santo en el año 2002.

Tratándose de asuntos de fe, no hay límites para lo impensable. 

En décadas recientes, el cerro del Tepeyac fue escenario de dos figuras prodigiosas, además de la Virgen de Guadalupe y de la de San Juan Diego. 

Se trata de la Virgen de Lourdes y de la Madre Cholita, que, desde el interior del panteón del Tepeyac,  atraían a cientos de personas debido a los milagros que concedían y que provocaba un masivo culto paralelo a las figuras centrales de este santuario.

El primer caso es un nicho de la Virgen de Lourdes que se ubica en la esquina de uno de los pasillos del cementerio y que fue construido como una pequeña cueva de rocas, en cuyo interior está la escultura de la virgen de un metro de altura. 

Se conserva muy bien. Se ve recién pintado e incluso me pareció ver algunas veladoras encendidas y algunos ramos de flores frescas. Este espacio es cálido y esperanzador. Hay una energía intensa de vida y esperanza, Es una sensación de tranquilidad espiritual que hasta te hace soltar un suspiro de manera natural.

Cuentan los trabajadores del lugar que cuando todavía se podía ingresar de manera libre a este panteón, había personas que le pedían a esta imagen el milagro del matrimonio y que si era para bien, la Virgen se los concedía.

Incluso, el hijo de un trabajador del propio panteón fue agraciado con su solicitud y de esto da fe su propio padre que señala que nunca creyó que su hijo se fuera a casar porque "la edad ya se le estaba yendo", pero que su hijo pidió el milagro a la Virgen de Lourdes y ella se lo concedió.

Dicen que eran tantos los visitantes, hombres y mujeres de todas las edades y de todas partes de México y de distintos países, que tenían que regular el acceso para permitir que todos pudieran dejar sus peticiones a través de cartas, fotografías del ser deseado, veladoras, flores y también pequeños ex votos (pinturas que confirman el favor recibido).

Hoy ese nicho de la Virgen de Lourdes, ya no contiene ninguna evidencia de los milagros que concedió, aunque se comenta que era extraordinaria la cantidad de flores, veladoras, exvotos, pulseras y monedas que se amontonan en el lugar.

A pesar de la soledad del panteón, este espacio específicamente está lleno de vida, como un milagro latente.

El otro caso corresponde a la Madre Cholita (hipocorístico de Soledad), que fue una monja de la orden de las Clarisas Capuchinas --que tienen su convento cerca del Tepeyac-- y que al morir fue enterrada en el panteón del Tepeyac.

Se desconoce cómo empezó a obrar milagros, pero los trabajadores del lugar dicen que posiblemente se debe a que la Madre Cholita fue una maestra muy generosa, amable y comprensiva con sus estudiantes, estimulándolos a alcanzar el éxito, por muy difícil que fuese la tarea. Y que ese recuerdo se fomentó entre las monjas y posiblemente de ahí salió a la vida civil, debido a que, igualmente, cientos de estudiantes de todas partes acudían a pedirle el milagro para pasar exámenes difíciles, tanto para la escuela como para entrar a trabajar.

Las peticiones se hacían mediante solicitudes por escrito en pedazos de papel o, curiosamente, mediante un escrito directamente sobre las paredes de cemento de su tumba, que es una pequeña capillita con puerta de metal y cristales a través de la cual se pueden apreciar un pequeño altar con retratos de algunas monjas enterradas en este lugar. 

Llama la atención el ver todavía en las paredes de esta capilla pequeños escritos a lápiz o a tinta, con solicitudes de personas que le piden que les conceda el milagro de acreditar un examen profesional o un examen de ingreso a una carrera específica. Incluso, todavía hay algún par de papeles tirados en el interior de la capillita, que posiblemente son solicitudes de milagros en ese sentido.

Dicen que muchos estudiantes o profesionistas regresaban posteriormente con flores y veladoras para agradecer por el milagro recibido.

La continua y creciente demanda de matrimonios, ante la capillita de la Virgen de Lourdes, y de las solicitudes de milagros para pasar exámenes ante la Madre Cholita llamaron la atención de los jerarcas de la principal iglesia de América Latina, la Villita, de modo que, al parecer, en una reunión de muy alto nivel, decidieron intervenir para preservar el celo al culto mayor de la Guadalupana.

En primer lugar, cambiaron de tumba a la Madre Cholita, cuyos restos ahora reposan en el interior de la Basílica de Guadalupe--todavía no la encuentro-- y por otro lado, como es sabido, ya no se puede ingresar de manera libre al panteón del Tepeyac, por lo que la Virgen de Lourdes ya no tiene visitas, ni peticiones de matrimonio.

Con el paso del tiempo se frenaron los milagros y ahora solo queda el recuerdo, como una leyenda viva de un lugar donde pervive el misterio de la fe y que contribuyó a la felicidad de cientos de personas que tal vez vivan agradecidas por haber acreditado un examen difícil o por haber conseguido el matrimonio, gracias a los otros milagros del Tepeyac.

Me pregunto que si, por cualesquier motivo, regresara a visitar al panteón del Tepeyac, me atrevería a solicitarle algo la Virgen de Lourdes, o a la capilla de las madres Clarisas, donde estuvo la madre Cholita. ¡Qué emocionante!

(No subo fotos porque está prohibido tomar fotografías en ese lugar. Pero con la ayuda de la IA de Grok de X, creamos una representación de la imagen religiosa.)







miércoles, 5 de agosto de 2026

CUMPLE 15 AÑOS MI OVNI FAVORITO

Pocas veces en la vida podemos celebrar un aniversario extraordinario.

En este año, 2026, yo festejo los 15 años de mi ovni favorito.

Todo comenzó en el 2011, cuando un amigo me compartió por correo electrónico unas fotografías de un ovni que se acercó a una plataforma petrolera en Campeche y que fue fotografiado hasta las muelas por un obrero de esa compañía.

Si yo fuera parte de la tripulación de esa nave de extraña procedencia, me moriría de vergüenza por la obscena mirada del obrero, que no dejó nada a la imaginación con sus atrevidas y meticulosas fotografías.

El avistamiento ocurrió en mayo del 2010 y cuando yo recibí las fotos, ya eran del dominio público y circulaban a través de correos electrónicos a la manera de los chismes de moda en las redes sociales de ahora, trending tópic le llaman.

Nunca había sentido tanta pena y solidaridad por un ovni que fuera literalmente vejado por la mirada escrutadora de alguien que descubre su talento de fotógrafo de revista para caballeros.

En sus dimensiones, aquel objeto volador no identificado era enorme en relación con un barco que se acercaba a la plataforma. Era lo más parecido a un crucero de gran lujo frente a una lancha de pescadores.

Causa asombro el contemplar a una enorme masa metálica de color cobrizo flotando en el cielo del medio día y moviéndose con una  agilidad de colibrí hambriento. 

Para darte una idea de su forma, imagínate unos trastes de barro rojo: un tazón boca arriba que tiene encima un plato liso boca abajo y encima del plato una taza sin asa boca abajo, como la cabeza de un tanque de gas. 

Arriba tiene enormes ventanas y en la parte inferior un tubo como la boca de una aspiradora, ampliamente iluminado, por donde se le ven hasta las costillas.

En las ocho fotografías se aprecia el coqueto comportamiento de mi ovni favorito: de perfil, de abajo para arriba; muy cerca, muy lejos, un primer plano con sus ocho luces simétricamente ubicadas en las orillas y más acercamientos detallados, que desde mi desbordante imaginación, me parece ver que se asoma discretamente de la cintura para arriba un delgado miembro de la tripulación, con figura humanoide.

Debo reconocer que este ovni es un modelo antiguo, como un viejo traste de la cocina de la abuela. No se parece en nada a otros ovnis modernos de diseños aerodinámicos de ciencia ficción, que han sido documentados en diversas partes del mundo. 

Me atrevo a catalogarlo como un modelo de los años 60, como un desvencijado autobús  de tercera categoría.

Pertenece a esas imágenes de las películas en blanco y negro del Santo, el enmascarado de plata, cuando está en su laboratorio rodeado de mesas con cajas de cartón forradas de tapaderas de envases que simulan delicados botones de alta tecnología y con focos que emiten luces parpadeantes acompañadas de extraños chillidos como las series de luces navideñas chinas.

El ovni se acercó a la plataforma petrolera como un perro que huele un árbol para estimular sus esfínteres. He leído que a los ovnis les atraen las zonas petroleras, ahí se registran los mayores avistamientos.

Después de que satisfizo su curiosidad, exponiendo sus partes más íntimas ante la cámara del obrero voyerista, el ovni se retiró como llegó, sin mayores explicaciones ni despedida, a la manera de esos perros callejeros a los que les importa un comino la sociedad y que hacen  sus necesidades en cualquier lugar, incluyendo el sexo en la vía pública o dormitar de panza a la mitad de la calle.

Esa actitud del ovni fue la que me hechizó: su comportamiento de mascota callejera, ubicua, libre y sin prejuicios. Por eso lo adopté y cada año lo celebro mirando sus fotos como si fuera mío. 

Si sigue volando al día de hoy, podría ser ya una carcacha que hecha humo, de movimientos lentos y torpes, turulato, con focos fundidos, despostillado y con abolladuras como coche de aprendiz de conductor. Pero no me importa, lo estimo y me siento orgulloso de él, incluso si llegara a conocer otros modelos de ovnis más modernos.

Este ovni llegó a mi vida cuando yo dejé de creer en los ovnis y me convenció y me gustó y ahora que cumple sus 15 años lo celebro y lo reitero como mi ovni favorito.

Acá, una pequeña muestra. (Les recuerdo que en el 2010 todavía no existía la IA).