Son milagros reales.
La figura central del Tepeyac es la Virgen de Guadalupe, de suma relevancia en el culto católico mexicano.
A Juan Diego, la controversial persona indígena a la que se apareció la Guadalupana en 1531, también se le atribuyen milagros, que lo convirtieron en santo en el año 2002.
Tratándose de asuntos de fe, no hay límites para lo impensable.
En décadas recientes, el cerro del Tepeyac fue escenario de dos figuras prodigiosas, además de la Virgen de Guadalupe y de la de San Juan Diego.
Se trata de la Virgen de Lourdes y de la Madre Cholita, que, desde el interior del panteón del Tepeyac, atraían a cientos de personas debido a los milagros que concedían y que provocaba un masivo culto paralelo a las figuras centrales de este santuario.
El primer caso es un nicho de la Virgen de Lourdes que se ubica en la esquina de uno de los pasillos del cementerio y que fue construido como una pequeña cueva de rocas, en cuyo interior está la escultura de la virgen de un metro de altura.
Se conserva muy bien. Se ve recién pintado e incluso me pareció ver algunas veladoras encendidas y algunos ramos de flores frescas. Este espacio es cálido y esperanzador. Hay una energía intensa de vida y esperanza, Es una sensación de tranquilidad espiritual que hasta te hace soltar un suspiro de manera natural.
Cuentan los trabajadores del lugar que cuando todavía se podía ingresar de manera libre a este panteón, había personas que le pedían a esta imagen el milagro del matrimonio y que si era para bien, la Virgen se los concedía.
Incluso, el hijo de un trabajador del propio panteón fue agraciado con su solicitud y de esto da fe su propio padre que señala que nunca creyó que su hijo se fuera a casar porque "la edad ya se le estaba yendo", pero que su hijo pidió el milagro a la Virgen de Lourdes y ella se lo concedió.
Dicen que eran tantos los visitantes, hombres y mujeres de todas las edades y de todas partes de México y de distintos países, que tenían que regular el acceso para permitir que todos pudieran dejar sus peticiones a través de cartas, fotografías del ser deseado, veladoras, flores y también pequeños ex votos (pinturas que confirman el favor recibido).
Hoy ese nicho de la Virgen de Lourdes, ya no contiene ninguna evidencia de los milagros que concedió, aunque se comenta que era extraordinaria la cantidad de flores, veladoras, exvotos, pulseras y monedas que se amontonan en el lugar.
A pesar de la soledad del panteón, este espacio específicamente está lleno de vida, como un milagro latente.
El otro caso corresponde a la Madre Cholita (hipocorístico de Soledad), que fue una monja de la orden de las Clarisas Capuchinas --que tienen su convento cerca del Tepeyac-- y que al morir fue enterrada en el panteón del Tepeyac.
Se desconoce cómo empezó a obrar milagros, pero los trabajadores del lugar dicen que posiblemente se debe a que la Madre Cholita fue una maestra muy generosa, amable y comprensiva con sus estudiantes, estimulándolos a alcanzar el éxito, por muy difícil que fuese la tarea. Y que ese recuerdo se fomentó entre las monjas y posiblemente de ahí salió a la vida civil, debido a que, igualmente, cientos de estudiantes de todas partes acudían a pedirle el milagro para pasar exámenes difíciles, tanto para la escuela como para entrar a trabajar.
Las peticiones se hacían mediante solicitudes por escrito en pedazos de papel o, curiosamente, mediante un escrito directamente sobre las paredes de cemento de su tumba, que es una pequeña capillita con puerta de metal y cristales a través de la cual se pueden apreciar un pequeño altar con retratos de algunas monjas enterradas en este lugar.
Llama la atención el ver todavía en las paredes de esta capilla pequeños escritos a lápiz o a tinta, con solicitudes de personas que le piden que les conceda el milagro de acreditar un examen profesional o un examen de ingreso a una carrera específica. Incluso, todavía hay algún par de papeles tirados en el interior de la capillita, que posiblemente son solicitudes de milagros en ese sentido.
Dicen que muchos estudiantes o profesionistas regresaban posteriormente con flores y veladoras para agradecer por el milagro recibido.
La continua y creciente demanda de matrimonios, ante la capillita de la Virgen de Lourdes, y de las solicitudes de milagros para pasar exámenes ante la Madre Cholita llamaron la atención de los jerarcas de la principal iglesia de América Latina, la Villita, de modo que, al parecer, en una reunión de muy alto nivel, decidieron intervenir para preservar el celo al culto mayor de la Guadalupana.
En primer lugar, cambiaron de tumba a la Madre Cholita, cuyos restos ahora reposan en el interior de la Basílica de Guadalupe--todavía no la encuentro-- y por otro lado, como es sabido, ya no se puede ingresar de manera libre al panteón del Tepeyac, por lo que la Virgen de Lourdes ya no tiene visitas, ni peticiones de matrimonio.
Con el paso del tiempo se frenaron los milagros y ahora solo queda el recuerdo, como una leyenda viva de un lugar donde pervive el misterio de la fe y que contribuyó a la felicidad de cientos de personas que tal vez vivan agradecidas por haber acreditado un examen difícil o por haber conseguido el matrimonio, gracias a los otros milagros del Tepeyac.
Me pregunto que si, por cualesquier motivo, regresara a visitar al panteón del Tepeyac, me atrevería a solicitarle algo la Virgen de Lourdes, o a la capilla de las madres Clarisas, donde estuvo la madre Cholita. ¡Qué emocionante!
(No subo fotos porque está prohibido tomar fotografías en ese lugar.)
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