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martes, 2 de junio de 2020

EL VIAJE A MARTE











Foto Jelg: "Cartolandia" (Detalle) Ana Serrano. MUPO, 2019.


José abordó el camión suburbano que se dirigía a la Ciudad de México.

Ocupó un asiento hasta atrás junto a un señor de la tercera edad con sombrero, que trataba de equilibrar una bolsa de mandado sobre sus piernas. Le llamó la atención la bolsa, “¿Qué podría cargar ese hombre?”

El anciano reparó en la inquietud de José y señalándole la bolsa le dijo, “Traigo la cabeza de una mujer-- y al ver cómo se asustaba le aclaró-- ¡Ja, ja! No es cierto. Es herramienta que voy a llevar a la casa de empeño, no sea miedoso.”

José se mordió los labios, iba a decir algo, pero le ganó la risa.

Poco a poco iban subiendo los últimos pasajeros y detrás de ellos el despachador que contó los lugares y le dijo al chofer: “¡Sales mi negro, vas con cuatro vacíos!”.

El conductor estaba concentrando mirando hacia el frente con sus largos brazos sobre el volante, tomó unas monedas del tablero y se las entregó de mala gana al despachador, éste las recibió al tiempo que le decía: “¡Uy, uy, uuuy! ¿Te enojaste porque te dije negro? ¡Chale, no aguantas nada! ¡Jálele mi blanco! ¡Ándele! ¡Adiós, güeritoooo!” y se bajó entre carcajadas.

Al acelerar el camión, un rugido como de léon invadió el interior del autobús junto con un olor penetrante a diésel quemado.

José miró la hora en su teléfono celular barato que parecía de juguete. Eran las 04:00 de la madrugada. Si no hay contratiempos llegaría a la ciudad las 05:30 y de ahí se trasladaría en metro para llegar a su trabajo donde se desempeñaba como el vigilante más joven a sus 17 años.

Confirmó que llevaba su uniforme en la mochila y se encontró una manzana que cargaba de semanas atrás, “A ver cuánto dura.” Sonrió al recordar que un amigo deportado de Estados Unidos  le aseguró que la fruta que viene de allá es transgénica y por eso dura más tiempo, cumpliendo al pie de la letra el dicho que dice: “California, flores sin olor, frutas sin sabor y mujeres sin amor”.

Cerró los ojos para dormir un poco, pero en ese momento el chofer puso música con un volumen muy intenso. Hasta los vidrios de las ventanas vibraban como si fueran a estrellarse.

José sentía las trompetas de una cumbia muy rítmica detrás de la nuca: “Con esa música, hasta parece viernes en la noche, no lunes en la mañana.”

Se imaginó que el viaje ideal para descansar sería al planeta Marte, dura 300 días como lo leyó en una revista: “Estaría durmiendo  todo el tiempo. En el espacio siempre es de noche.”

La mayoría de los 40 pasajeros, no obstante, dormían sin que les molestara el ruido del motor, ni la música, ni los brincos por los topes.

Cuando el camión dejó atrás los últimos caseríos de esa ciudad marginal para meterse al libramiento que los conduciría hacia la autopista, José empezó a cabecear.

Una pesadez se adueñó de sus párpados y de todo su cuerpo.
El ruido se volvió un arrullo y soñó que estaba en la base de autobuses con destino al planeta Marte, pero el camión no tenía puertas y que él no podía subir. Entonces vio que una mujer ocupaba su asiento, pero en realidad se trataba de una cabeza sin cuerpo que su compañero de viaje le mostraba por la ventana.
Con dificultades logró despertar de esa pesadilla y observó a su vecino de asiento que roncaba profundamente. Todo seguía normal. Checó su teléfono, se había dormido media hora.

Todavía estaba oscuro. El camión iba en la autopista por la zona boscosa. Hacía frío y había neblina. De repente, dos pasajeros se levantaron de sus asientos, uno adelante y otro atrás, con gorras y cubrebocas y gritaron al mismo tiempo: “¡Este es un asalto!”.

Esas palabras mágicas despertaron a todos, pero los más sorprendidos fueron los dos hombres armados que se miraban con sorpresa.

Uno de ellos gritó: “¡Tú no vas a asaltar a nadie, hijo de tu cual por tal! ¡Esta es mi ruta! ¡Así que te bajas con quien vengas o hasta aquí llegaste!”

El otro le contestó: “¡Pues el que se va a bajar eres tú y tus acompañantes porque esta ruta es mía!

Sin mediar más dispararon y al instante ambos cayeron fulminados en medio de un intenso olor a pólvora y entre los gritos y los chillidos de la gente.

El chofer se estacionó en la orilla de una curva pronunciada. El camión parecía que se iba a voltear de lado en cualquier momento.

Bajó el volumen de la música y encendió las luces internas que cegaron momentáneamente a los pasajeros.  Se puso de pie. Era un mulato alto, delgado y de avanzada edad y se quedó mirando la escena con cara de susto. Nadie dijo nada.

José miró el cuerpo que yacía sobre el pasillo: “¡Qué buen tino, le dio entre ceja y ceja, este cuate ya se peló!”

El mulato revisó al otro asaltante: “Pues a este le han de haber dado con un cañón porque le reventó la cabeza”.

Una mujer sugirió: “Hay que llamar a la policía… pero en este tramo no hay señal de teléfono.”

El chofer preguntó: “¿Qué hacemos?”

Silencio total.

Desde atrás se oyó la voz de un joven: “¡Llévatelos a tu casa!” y todos se rieron.

José preocupado por no llegar tarde a su trabajo dijo con naturalidad: “¿Y si los bajamos y nos vamos?”

Una señora robusta muy arreglada se dirigió a todos: “Sí, hay que bajarlos, pero éstos no vienen solos—y observó con ojo clínico a las personas del autobús y continuó-- así que quienes no los quieran bajar son sus cómplices”.

Nuevamente todos los pasajeros se quedaron inspeccionándose en un silencio incómodo.

De manera espontánea, dos pasajeros que iban adelante y dos de atrás tomaron, respectivamente, a cada uno de los asaltantes muertos y los bajaron. Unos por la puerta de adelante y otros por la puerta de atrás.

El chofer pateó la pistola hacia afuera y José hizo lo mismo con él arma de atrás.

La señora entonces se dirigió al chofer: “Esos son sus cómplices, yo los conozco, unos nos asaltan en la mañana y los otros en la noche, pélate o nos van terminar de robar.”

El conductor saltó con agilidad al volante y aceleró con brusquedad.

Por un momento solo se escuchaba el ruido del motor en la autopista. Los pasajeros callados miraban  hacia el frente, estaban tensos y asustados.

El chofer dijo en voz alta “Esto es una mierda. Salí de Guerrero porque el crimen me cobraba derecho de piso por mi taxi. Llego aquí y así me reciben. ¿Qué sigue? ¿Más atracos? ¿Más muertos?"

La señora de adelante le contestó: “Ya no se puede vivir así. Son chingaderas. Los gobiernos no hacen nada. No les importa la vida de los ciudadanos. En esta ruta viaja el pueblo humilde y trabajador, el estudiante deseoso de servir con su profesión a la Patria, la madre soltera que va a trabajar con la ilusión de ganarse el pan de cada día para darle de comer a su criatura que le cuida la abuela. Este sistema está hecho para hundir más al pobre, pese a toda la palabrería de gobiernos que van y gobiernos que vienen. ¡Todos son iguales! ¡Todos son una mierda!”

El vecino de José también reflexionó en voz alta: “En los asaltos a las camiones de este rumbo han muerto muchos hombres y mujeres inocentes, gente trabajadora que se han negado a entregar sus pertenencias. No es gente con lujos o dinero, sino personas humildes. ¡No es justo!”

José echó su cabeza hacia atrás con los ojos cerrados. Imaginó que un viaje al planeta Marte sería más seguro. Se incorporó de pronto: “¡No! ¡Qué tal si entre los pasajeros van delincuentes! Sería más riesgoso un atraco en el espacio. ¡Ni Dios lo mande!”

La música volvió a sonar con intensidad. La sabrosa guaracha que se escuchaba ahora parecía música de funeral por la cara de los pasajeros.

El alba empezaba a dibujarse débilmente. A escasos kilómetros se veía ya el monstruo urbano como polvo de oro regado sobre terciopelo negro.

José consultó la hora en su celular, ¡Las seis!, ya se le hizo tarde.

Tristes y desconcertados los pasajeros se prepararon para el descenso próximo, la mayoría tenía un sabor amargo y a pólvora en la boca. Hubieran deseado que el trayecto fuera más largo, tal vez a Marte y que nadie los despertara.

El señor del sombrero que acompañaba a José en su asiento, intentando acomodar su bolsa de mandado sobre sus piernas, se dirigió hacia él: “Estos infelices, ¡por poco nos dejan sin tragar! ¿no?"

José hizo una mueca, le mostró su teléfono celular y expresó: “¡Jodido que roba a jodido!”

***

jueves, 13 de junio de 2019

El secreto de la bipolaridad de Marichú

A mis sesenta años ya me puedo jubilar.

Pero no quiero. Todos mis compañeros maestros que se han jubilado se han muerto al día siguiente, es una regla no escrita de la vida.

Durante mis 33 años de servicio como profesor de matemáticas de una escuela pública de nivel medio superior, me han pasado tantas anécdotas, que podría escribir un libro más gordo que la biblia.

Sin embargo, ahora comparto una, acaso la anécdota que me gusta recordar con mayor frecuencia y que me sucedió apenas el año pasado.

Primero debo dejar en claro mi respeto determinante hacia las jóvenes estudiantes. He visto a lo largo de mi carrera a maestros que son unos auténticos pillos que hostigan a las alumnas o que abusan, sin que las autoridades hagan nada. Repruebo ese comportamiento deshonesto.

En segundo lugar quiero dejar constancia de que mi soltería se la debo a un amor frustrado, pero no soy gay ni misógino y si no vivo con alguna mujer es porque el daño que me hizo mi primer y único amor en mi juventud es tan profundo que, aún cuando ella ya murió, yo decidí que nunca me casaría para no volver a sufrir.

Una vez aclarado esto relataré que era el mes de julio cuando me asignaron a mis nuevos grupos.

Como sucede con las distintas generaciones, hay alumnos más vivarachos, más inquietos, de la misma manera que mujercitas más bellas o más o menos recatadas, según su educación y sus valores.

Entre uno de esos grupos me llamó la atención una alumna alta y blanca--no güera, sino blanca como mármol cuya mirada me incomodaba, pero que daba a demostrar un interés más allá de lo académico por mi persona.

Como hombre viejo, ya sin los deseos del sexo ni mucho menos con la intención de tener pareja, esa mujercita como de 17 años me empezó a cautivar, en un juego donde ella parecía el cazador y yo la presa. Me recordó algunas de mis lecturas favoritas, pero fuera de esa asociación mental no me imaginé nunca sus verdaderas intenciones.

Siempre he tenido por norma nunca saludar de mano o de besito a las alumnas y siempre he llegado muy temprano a mis clases, de modo que los lunes, miércoles y viernes--que eran los días en que yo le daba clase a su grupo a las siete de la mañana---, ella también era la primera alumna en ingresar a mi clase y sentarse hasta adelante.

La primera semana de clases no pasó nada. La segunda ella empezó a saludarme de mano. Al inicio le extendí la mano por educación y ella no me la soltó, me desconcertó y la retiré despacio y con educación. Creo que ese juego perverso donde ella tenía el control, me desconcertó. A la siguiente clase, también llegaba temprano y yo le sonreí esperando que me saludara de mano, pero ingresó al aula como si nada, vio mi actitud y se incomodó como si yo la estuviera hostigando, por lo que decidí evitar incluso, el contacto visual.

A la siguiente clase llegó temprano y se acercó a mi escritorio, me saludó con una sonrisa amplia y no me soltó la mano. Recordé la clase anterior y retiré con hosquedad mi mano. Ella se desconcertó, pero se sentó hasta adelante e intencionalmente subió su falda para dejar ver un par de hermosas y bien torneadas piernas, que apenas miré con el rabillo del ojo y me concentré en una lectura imaginaria para no causar problemas.

La clase siguiente también llegó temprano y la miré como si fuéramos cómplices, pero encontré en su actitud un rechazo total, su rostro amable y alegre era ahora una máscara de hosquedad y así sucesivamente. Una clase bien, otra clase mal.

Para evitar ese conflicto determiné no volver a darle la mano nunca y evitar sus insinuaciones mientras ella estaba de buen humor. Se dio cuenta de mi actitud y evitó durante un tiempo saludarme de mano, aunque noté que algunas veces con toda la intención se hacía la descuidada al sentarse mal para mostrar más  debajo de su falda, por lo que pude notar una pequeña cicatriz arriba de la rodilla derecha en su entrepierna.

Con el paso del tiempo me acostumbré a su locura literal. Esta persona es bipolar dije y continué como si nada, cuando me saludaba decidí saludarla y cuando no me miraba, decidí no mirarla también.

Debo confesar que, además de su bipolaridad, también tenía un problema de conocimientos, pues cuando era alegre no era muy buena alumna y cuando era hosca era una alumna muy avanzada. Cosas de mujeres, pensé, así que no le dí ninguna importancia a estos contrastes.

En una ocasión, cuando llegó con su actitud intolerante, se sentó de mala gana hasta adelante, pero en una silla que tenía flojos los tornillos, de modo que se resbaló hacia adelante con el plástico del pupitre, cayendo estrepitosamente de sentadillas al suelo, mientras la estructura metálica era empujada hacia atrás. Con rapidez me acerqué para ayudarla a levantarse y por su posición no pudo  cerrar las piernas, por lo que pude notar que no tenía la cicatriz que ya le conocía.

Apenada, sonrojada y furiosa se incorporó con mi ayuda y se retiró del salón, ante la risa brutal de sus compañeros de grupo. Ese día ya no regresó a mi clase, pero a la siguiente clase, llegó nuevamente sonriente y amable y yo puse la mayor atención para ver su cicatriz. Ella notó mis ansias por ver sus piernas y no tardó en mostrarlas, por lo que pude comprobar que la cicatriz seguía allí, terrible, como un borde cosido de carne rosada en aquel fondo pálido de su piel.

Es seguro que haya notado mi desconcierto por la sorpresa que tuve al mirar sus piernas, porque las cerró con rapidez.

La clase siguiente su hosquedad se modificó por una evidente preocupación por mantener cerradas las piernas de manera inconsciente y con cierta regularidad bajaba más su falda evitando mostrar lo más mínimo.

Ese día no pude dormir. No era posible que un día tuviera una cicatriz y otro día no. Una cicatriz de ese tipo no desaparece de la noche a la mañana, así que empecé a esbozar diversas teorías y anoté en mi libreta de apuntes los rasgos de la bipolaridad de Marichú.

A partir de ese momento cambió la relación de poder, yo empecé a recuperar el poder. Marichú alegre se volvió más seria y Marichú hosca se volvió más preocupada, incluso pasó de ser la alumna más puntual, a ser la alumna más retardada. Algo no andaba bien y decidí encontrar el motivo.

Llegó el fin del curso y le pedí hablar a solas. Era uno de esos días en que se mostraba muy alegre.

Fui directo:

- Oye hija, he estado pensando que tienes actitudes muy contrastantes, pero previsibles.
- ¿Qué quiere decir?
- Estoy diciendo que ya descubrí tu secreto.
- ¿En serio?
- Claro.
-¿Cómo se dio cuenta?
- Por la cicatriz.
- Lo sospeché... ¿y ahora? ¿me va a expulsar?
- No, todo quedará entre nosotros, si es que nadie más se ha dado cuenta.
- No creo.
- Solo quiero recomendarte una cosa.
- Diga.
- O eres siempre simpática o eres siempre gruñona, esa es otra diferencia.
- Cierto.

La invité a salir del salón vacío, extendiendo el brazo para que ella pasara primero. Se acercó a mí con decisión y me dio un beso en la boca que sacudió todo mi ser. Me quedé sorprendido y sin hacer nada. Luego se paró en la puerta del salón y me dijo "Muchas gracias, profe. En todos estos años de vida es la primera vez que alguien se da cuenta, pero esto sucede únicamente con matemáticas y física. Tomaré mis precauciones y me pondré de acuerdo con mi hermana gemela."

lunes, 7 de enero de 2019

El mejor año nuevo

Me llamo Juan Pérez y el año nuevo para mí es pura hipocresía

La navidad también y todas esas fiestas ridículas que los niños no entienden y los adultos fingen.

No odio la navidad, tampoco al año nuevo, de hecho he encontrado un lugar fuera de casa donde pasarla bien.

Yo también tuve hogar, como sale en las películas: el papá, la mamá, los hijos, el perro y el árbol de navidad... pero un día la infidelidad de la mujer echó a la mierda el hogar, la familia, la mascota y el árbol de navidad y la cena de año nuevo.

Desde entonces he creído que en estas fechas hay mucho de hipocresía, pero he encontrado que en el restaurante "La Ballena Feliz" uno le da sentido a estas ocasiones.

También hay mucha hipocresía en las fiestas de restaurantes, pero lo que vale la pena en esas fechas, además de las propinas, es que, nuestro jefe, el  capitán de meseros nos deja brindar cuando se retira el último cliente.



martes, 11 de diciembre de 2018

"ola k ase?" Un cuento cachondo en whatsapp


 -ola k ase?
-Hola, buenas noches, perdón, ¿quién es usted?
-apoko no sabe?
-La verdad no tengo registrado este número…
-si me ve si me va a rekonoser le voi a enviar una foto mia
-Je, je, je
-de k se rie
-No, de nada, es que me parece tan divertido esto.
-(...)
- (Has recibido una foto del 951…)
-(…)

-¿Eres mujer?
-no c nota?
-¿Eres tú la de la foto?
-sipi me la acavo de tomar
-¿Y no tienes frío?
-xq?
-Es que te ves con tan poca ropa, esa tela es muy delgada…
-va otra foto
-(Has recibido una foto del 951…)
-(…)

-¡Ahhhh! ¡Qué cuerpazo! Con el debido respeto estás bien buena.
-ji ji ji uste cree?
-¡Claro! Esa manchita en la nalga izquierda ¿es un lunar o una mosca?
-ji ji ji lunar

-La verdad estoy impresionado por tu belleza y tu cuerpo.
-x q?
-Bueno, no es usual que se presente de esa manera una chica
-si le molesta mejor ya me voy
-¡No, no, no! No quise decir eso, la verdad es que eres tan hermosa.

-si? le gusto?
-¡Claro! Tu juventud y tu belleza son como una fuente que inspira.
-va otra foto
-¡Mamita, estás divina! Oye chiquita ¿dónde nos podemos ver para platicar?
-ya estamos platicando
-Sí, perdón, mi reina, me refiero a que podríamos tomarnos un café, tú sabes…
-oy no
-¿Cuándo?
-yo le aviso luego

-¿Puedo saber tu nombre?
-claro Marlen
-¡Marlen! Es un nombre enigmático, sonoro, aventurero…
-??????
-¿Tú sabes cómo me llamo?
-Edgar
-¿De dónde nos conocemos?
-fui su alumna
-¡No me digas! ¿De qué grupo?
-noo ya ase años
-Si, ¿tendrás unos 21 años?
-nooooooo
-¿20?
-frio frio
-¿16?
-ni al caso
-Tú dime…
-19 años

-¿Cuándo egresaste de la escuela?
-me sali antes
-¿Por qué motivo?
-por falta de dinero
-Eso tiene remedio, me hubieras dicho y yo te hubiera apoyado.
-en serio?
-¡Desde luego! Por ti haría lo que me pidieras…
-Ji ji ji

-Y ahora, ¿a qué te dedicas?
-ayudo a mi mama
-Bueno, eso también es una forma de trabajar.
-si pero eso me pone triste
-¿Por qué?
-es k no completo para la medicina de mi mama
-¿Y cuánto necesitas?
-ai noooo me da pena
-Ten confianza, por ti haría lo que me pidieras
-es que son 800
-¿800 pesos?
-si pero si no puede no se preocupe
-No, no, no, cuenta con el dinero.
-pero komo se los voi a pagar?
-¡Olvídate de eso! Con tal de que estés bien yo te los regalo.
-grax

-¿Cuándo nos vemos para entregartelos?
-ya
-¿Dónde?
-depositelos en copel a la cuenta 011011
-Ok, voy de inmediato, aguanta, ya te aviso.
-si me puede hacer de paso una recarga de 200 para que podamos platicar
-Encantado.
-grax

-Hola, Marlen, ya te deposité, por favor confírmame que los recibiste.
(…)

DÍA 2
(…)

DÍA 3
-ola k asiendo?
-Hola, Marlen, ahorita estoy cenando, ¿tú gustas?
-y k come?
-Tacos de bistec, si gustas voy por ti.
-otro dia

-Bueno, y tú, ¿qué haces ahorita?
-me acabo de bañarme y me estoi cambiando mire
-(Has recibido una foto del 951…)
-(...)
-¡Ay, Dios! Con el debido respeto, mamacita, estás bien buena.
-le gusta?
-¡Que si me gusta!, casi me infarto del placer de mirarte desnuda y afeitada de ahí…

-si me tuviera k me aria?
-¡Qué no te haría!
-digame andele digame
-Empezaría besándote detrás de la oreja y pasaría mi lengua por tu cuello y mejilla.
-siga siga
-Besaría tu espalda mientras mis manos recorren tu cuerpo por todos lados…

-siga siga
-Te desnudaría lentamente
-ni traigo ropa
-Bueno, te recostaría sobre la cama y pasaría mi lengua por/
-pare pare k acaba de llegar mi mama
-Está bien, cuando tengas tiempo contáctame y le seguimos.
-va
-Cuídate, ¡adiós!
-adios

DÍA 4
(…)

DÍA 5
(…)

DÍA 6
-ola k ase?
-Hola Marlen, ¡qué milagro! Me haces sufrir mucho.
-x q?
-Tus fotografías solo elevan mi calentura.
-ji ji ji

-¿Crees que exista la posibilidad de que salgamos un rato tú y yo solos?
-(…)
-¿Cómo ves, una tarde?
-creo que no voi a poder
-¿Por qué?
-es que estoy mui triste
-¿Por qué?
-es k ya no vamos a platicar por el wasap
-¿Por qué, Marlen?
-es k voi a yebar mi cel al enpeño
-¿Y eso?
-es k mi mama nesesita sus medicinas y no tenemos dinero
-¿Cuánto necesitas?
-me da pena
-¡Vamos! ¿Para qué estamos los amigos?
-nesesito 2 mil
-¿Doscientos pesos?
-son 2 mil
-¿Dos mil pesos, Marlen?
-si pero si no puede no se preocupe los consigo con unos amigos
-No, no, no. Yo te los presto, pero por favor no empeñes tu cel.
-esta bien, cuando me los da?
-Cuando quieras, tú dime dónde nos vemos y te los entrego…
-es k no ai kien cuide a mi mama
-Si gustas te los deposito en Coopel, como la otra vez…
-si esta bien grax
-De nada, siempre es un placer apoyarte.
-(…)
-Ahorita te confirmo el depósito, pero no empeñes tu cel.
-(…)
-¿Marlen? Y te hice el depósito, por favor confírmame.
-(…)

DÍA 7
(…)

DÍA 8
(…)

DÍA 9
(…)

DÍA 10
-ola k ase?
-(…)
-esta ocupado?
-(…)
-esta enojado verda?

-Hola Marlen, ¿cómo estás?
-crei k estaba enojado
-No, ¿cómo crees? ¿qué te has hecho?
-e pensado en ti
-¿Y qué has pensado, Marlen?, ¡cuéntame!
-me lo imajino desnudo
-(…)
-encerio
-¡Qué interesante, continúa!
-me imajino que asemos el amor en un unicornio blanco desnudos
-No se me había ocurrido, ¿y luego?
-k el unicornio blanco bolava y en eso me mojé

-¿Te excitó eso?
-si
-Mi amor, te amo chiquita, ese sueño significa que debemos vernos ya.
-si ya quiero
-¿Cuándo?
-mañana a las 6 en el parque llebe 3 condones y ai vemos donde
-¿En serio, Marlen?
-si kiero que me agas gritar de pacion y me agas volar en el unicornio blanco
-Ahí estaré mi amor, te quiero un chingo y ya no aguanto las ganas.
-yo tanbien

DÍA 11
-(…)
-Hola Marlen, ¿vas a venir? Ya llevo tres horas esperándote aquí en el parque.
-(…)
-(“El número que usted marcó está apagado o se encuentra fuera del área de servicio”)

DÍA 12
(…)

DÍA 13
-(…)
-Hola Marlen, ¡qué mala onda! Me dejaste colgado…
-(…)
-Estoy preocupado porque pensé que te pasó algo… mándame un mensaje…
(…)

DÍA 14
-ola k asiendo?
-¿Marlen? ¿Verdad que no llegaste ese día al parque?
-es k yego mi hermana de visita
-Pero me hubieras avisado, me preocupé mucho por ti
-grax pero no te enojes
-No estoy enojado, Marlen.
-podemos vernos otro dia
-¿Sí? ¿Cuándo?
-mañana a las 3 en calle gardenias esquina las rosas departamento 6 no esta mi mama
-¿Segura?
-si kiero mojarme en el unicornio
-Como tú quieras mi vida, ahí llego
-no se te olviden los condones… te esperare bañada
-Sí mi vida, así me gusta.

DÍA 15
(…)

DÍA 16
(…)

DÍA 17
-ola k ase?
-(…)
-sigue molesto?
-(…)

-yo no tuve la culpa de que yegara mi hermana
-Claro, uno nunca sabe Marlen, pero me hubieras citado a otra hora.
-es k yo no sabia
-Todavía no me repongo del tobillo y ni del susto.
-pero si ni paso nada
-¡Claro que no pasó nada!

-fue lindo lo que icimos
-No sé qué te parece lindo si nunca te pude quitar el sostén ni el pantalón
-sisierto la verdad no sentí nada
-¡Ay Marlen! ¿Cómo ibas a sentir si ni te dejaste besar?
-es k yego mi hermana
-Sí, y eso me hizo saltar por la ventana del pasillo con los pantalones en las rodillas.
-ji ji ji
-Me lastimé el tobillo y tus vecinos me confundieron con un ladrón y tuve que salir huyendo, perdí mi cartera, mi camisa, mi reloj...

-es k si no desia k me iva a asaltar mi hermana se iba a enojar p k lo meti a la casa
-Pues le hubieras dicho que soy tu amigo Marlen, armaste un desmadre.
-tambien se iba a enojar porque mi hermana conoce a mi novio
-¿Tienes novio Marlen?
-(…)
-¡Marlen, no me bloquees, contesta!
-(…)
-¡Marlen, hija de tu ¡”#$!#$”! madre!
-(...)
-(“El número que usted marcó está apagado o se encuentra fuera del área de servicio”)
FIN.